Actualidades en psoriasis

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Por la Dra. Esther Guadalupe Guevara Sanginés
Especialista en Dermatología, Adscrita al Servicio
de Dermatología del Hospital Regional
“Lic. Adolfo López Mateos” del ISSSTE.

Las lesiones cutáneas visibles hacen que el impacto de la enfermedad en el entorno social de los pacientes sea catastrófico.

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria, crónica, de origen autoinmune y multifactorial que afecta principalmente la piel y articulaciones, de expresión clínica variable, que evoluciona por brotes con remisiones y exacerbaciones, con gran impacto en la calidad de vida. Los factores que influyen para que se presente la enfermedad incluyen a los genéticos, así como alteraciones en la respuesta inmune que hacen que ciertos disparadores ambientales inicien la enfermedad.

Los pacientes con psoriasis con frecuencia son estigmatizados y excluidos del entorno social habitual.

Puede presentarse a cualquier edad y en cualquier raza o grupo étnico. La prevalencia alrededor del mundo varía de país a país entre 0.09 % y 11.4 %, se acepta que la prevalencia promedio mundial es de alrededor de 2 %.

Los pacientes con psoriasis pueden ser mal diagnosticados y por ello retrasar su tratamiento hasta diez años.

Es un problema de salud pública. La Organización Mundial de la Salud en el reporte mundial de esta enfermedad destaca que las personas con psoriasis con frecuencia sufren innecesariamente por un diagnóstico incorrecto que retrasa el tratamiento adecuado hasta en 10 años.

La psoriasis afecta principalmente a la piel, especialmente la piel cabelluda, la de codos y rodillas, así como región sacra y las uñas, pero puede extenderse a toda la superficie corporal. El paciente con psoriaisis tiene un riesgo mayor que la población general de desarrollar comorbilidades como síndrome metabólico que incluye: obesidad, hipertensión, diabetes mellitus, dislipidemia y por lo tanto aumento en enfermedades cardiovasculares y menor esperanza de vida que la población general (en promedio 4 años menos). También se ha relacionado con enfermedad inflamatoria intestinal y problemas tiroideos, entre otras. Las lesiones pueden causar prurito, ardor y dolor. El 30 % de los individuos con este padecimiento desarrollan artritis crónica (conocida como artritis psoriásica), lo que ocasiona deformaciones de las articulaciones, dolor y, por lo tanto, la discapacidad del paciente. Por todas estas alteraciones se ha documentado que los individuos con psoriasis están en mayor riesgo de manifestar alteraciones psicológicas y mentales como depresión, ansiedad, alcoholismo y drogadicción.

En México, la psoriasis representa alrededor del 2 % de la población general y el 4 % de las dermatosis en pacientes menores de 16 años, con una prevalencia aproximada de 2.5 millones de personas afectadas a nivel nacional, de las cuales, entre el 25-30 % tiene un cuadro clínico de moderado a severo. Por su parte, la psoriasis infantil tiene semejanzas con su presentación en el adulto, pero debe tener un manejo terapéutico individualizado de acuerdo a la edad y la gravedad. Este padecimiento tiene un gran impacto en la vida, ya que si se presenta desde muy temprana edad, los pacientes pueden llegar a padecer los problemas de salud mental ya mencionados, aunado a la carga familiar en los padres y hermanos de un niño enfermo.

Afecta a ambos sexos por igual. Se manifiesta en pacientes susceptibles cuando el sistema inmune se activa por algún factor desencadenante, y produce inflama-ción sostenida, debido a que los mecanismos de regulación inflamatoria están alterados (gran actividad de las substancias proinflamatorias y poca de las antiinflamatorias). Las sustancias inflamatorias que se producen (interleucinas, citocinas y quimiocinas) hacen que la piel se torne rojiza, engrosada, con gran recambio celular de la superficie cutánea y la formación de escamas gruesas, que si no son tratadas correctamente pueden extenderse o diseminarse a toda la superficie corporal, transformándose en una enfermedad grave, que se asocia a ardor, dolor y prurito. En algunas ocasiones las lesiones se abren y sangran, resultando en gran incapacidad (especialmente si afectan palmas y plantas).

La psoriasis puede mostrarse de formas muy variables, desde placas con eritema y descamación leve (que pueden responder fácilmente al tratamiento adecuado), o ser de placas muy grandes, con eritema intenso, muy inflamadas y con una gruesa capa de escama que, entre más graves sean, más difícil es su control y la probabilidad de que se desarrollen comorbilidades aumenta, por ello, su diagnóstico oportuno es fundamental para que se administre el tratamiento correcto.

Para elegir el tratamiento adecuado es importante hacer un diagnóstico oportuno y clasificar la gravedad de la enfermedad, evaluar integralmente al paciente (si tiene o no otras enfermedades). Existen varios tratamientos disponibles para el control de la enfermedad (desde tópicos a sistémicos). Los sistémicos están indicados para enfermos con psoriasis grave, e incluyen algunos supresores generales de la respuesta inflamatoria tradiciona-les pero que pueden ocasionar varios efectos adversos serios. Los tratamien-
tos sistémicos actuales son terapias innovadores blanco-específicas, es decir medicamentos biotecnológicos que son capaces de inhibir específicamente interleucinas, citocinas involucradas en la fisiopatología, que detienen la inflamación con mayor eficacia, y que logran el control más rápido y de modo sostenido (comparado con los inmunosupresores tradicionales). En México se aprobó recientemente el uso de adalimumab en niños con psorisias moderada a grave, con evidencia científica sólida que muestra su efectividad y seguridad en pacientes pediátricos. Al lograr un mejor control de la enfermedad disminuyen también los síntomas de depresión y ansiedad del enfermo, y se logra una reintegración del enfermo a su vida diaria.

El Reporte Global de la Psoriasis publicado por la Orga-nización Mundial de la Salud, informa que los pacientes con este padecimiento enfrentan problemas psicológicos que afectan su calidad de vida en diferentes dimensiones. La vergüenza, la falta de autoestima y los elevados niveles de ansiedad, tienen una correlación directa con el incremento de la prevalencia en depresión y en comparación otras enfermedades, los pacientes con psoriasis tienen mayores índices de suicidio. Como consecuencia, el miedo a la estigmatización genera aislamientos de la sociedad en la vida cotidiana, de ahí la importancia de su control.

Conclusión. Reconocer los síntomas, hacer un diagnóstico integral y oportuno, así como indicar el tratamiento adecuado para cada paciente es fundamental para limitar las repercusiones a largo plazo de la enfermedad. Los enfermos y los padres de los niños con psoriasis tienen que estar muy atentos a los síntomas, acudir a un médico que los
ayude a detectar y tratar oportunamente la enfemedad. Es importante que los médicos estemos actualizados en los avances científicos de la fisiopatología y terapéuticas recientes para otorgar el manejo adecuado para cada paciente.

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