Alergias y cambio climático

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Por la Dra. Vivian Moncayo Coello
Jefa del Servicio de Alergia e Inmunología Clínica,

Hospital Juárez de México.

Se estima que 33 % de la población mexicana padece alguna forma de alergia.

Anteriormente, las alergias se catalogaban como estacionales, específicamente en la primavera y el invierno; sin embargo, con el cambio climático, el efecto invernadero y la contaminación, las alergias se vuelven más constantes y persistentes, incluso todo el año.

La alergia es una enfermedad sistémica que se origina por la falta de reconocimiento del organismo a algunas sustancias, generalmente inofensivas como puede ser el polen, el pelo de una mascota, el excremento de los ácaros, el polvo, el veneno de una abeja o un alimento, entre otros, que desencadenan una serie de fenómenos celulares y bioquímicos que generan en el paciente reacciones exageradas que se manifiestan dependiendo del órgano del cuerpo que afecte (tos, dificultad para respirar, escurrimiento nasal, estornudos, rinitis alérgica, urticaria, entre otros). 

El sistema inmunológico produce anticuerpos contra esa proteína que identifica como un alérgeno (sustancia que causa alergia e identifica como dañino, incluso si no lo es), liberando mediadores químicos como la histamina en respuesta a este estímulo, generando los síntomas característicos.

Los factores de riesgo para desarrollar una enfermedad alérgica son: antecedentes familiares de alergia, padecer asma, prematurez y tabaquismo.

En el caso de la rinitis alérgica los síntomas más frecuentes son: estornudos denominados en salva, porque son una serie de varios estornudos repetidos que se presentan de manera incontrolable, presencia de secreción hialina, comezón y congestión nasal, tos, problemas para respirar, lagrimeo y afecciones en oídos, faringe, cuerdas vocales, tráquea y bronquios.

La enfermedad alérgica tiene diversos factores que pueden determinar el desarrollo de la enfermedad si se está en contacto con el alérgeno. El factor más importan-
te es la predisposición genética. De acuerdo con algunos estudios, se ha determinado que tener padres con algún tipo de alergia eleva la posibilidad de padecerla en un 60 a 80 %, dependiendo si es uno o los dos padres quienes la padecen.

Los alérgenos más comunes son:  aéreos (como el polen, la caspa de mascotas, los ácaros de polvo y el moho);  ciertos alimentos (en especial el cacahuate, frutos secos, trigo, soja, pescado, mariscos, huevos y leche); picaduras de insectos (abeja o avispa); medicamentos (en especial la penicilina o antibióticos basados en la penicilina, AINES); látex (que puede causar reacciones alérgicas en la piel).

Este tipo de padecimientos tiene un impacto global que va del 30 a 40 % de prevalencia, de acuerdo con informes brindados por la Organización Mundial de la Alergia (WAO, por sus siglas en inglés). En México, se calcula que aproximadamente 40 millones de personas padecen una enfermedad alérgica y por lo menos cinco millones tienen asma.

Según el estudio Internacional del Asma y Enfermedades Alérgica (ISAAC, por sus siglas en inglés) que evaluó los patrones globales de la prevalencia y severidad de los síntomas de estas enfermedades, informó que en México la prevalencia de rinitis alérgica varia del 11 % en pacientes de 6-7 años hasta un 15 % en el grupo de 13 años de edad; un 6 % en dermatitis atópica y 8.5 % en asma, y dependiendo de la edad puede ser más prevalente en un sexo que en otro, por ejemplo, en los menores de edad, es más frecuente en niños que en niñas.

Las zonas más afectadas en nuestro país son el sureste (Yucatán, Campeche y Quintana Roo), la península de Baja California y el área central (Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo y Querétaro).

Diagnóstico oportuno. Para lograr un diagnósti-co adecuado es necesario acudir con un alergólogo, quien realizará el historial clínico, en donde se reporten los síntomas, cuándo se presentan y con qué frecuencia; antecedentes familiares y el empleo de pruebas cutáneas y de sangre. Es necesario aclarar que la diferencia entre una infección respiratoria y una alérgica es que la primera va acompañada de malestar general y fiebre, mientras que la segunda se caracteriza por ser recurrente, relacionada con algún agente externo y con buen estado general.

La gravedad de las alergias varía dependiendo de cada persona al igual que los síntomas, los cuales dependen de la sustancia involucrada y la zona que afecte como las vías respiratorias, nariz y los senos paranasales, la piel o el sistema digestivo.

Sin embargo, una alergia puede poner en riesgo la vida del paciente, lo cual se conoce como anafilaxia, caracterizada por la dificultad para respirar, pérdida de conciencia, disminución de la presión arterial, erupción cutánea, sensación de vértigo, pulso rápido y débil, náusea y vómito.

Tratamiento. Lo más frecuente es que el paciente llegue con una crisis de alergia, caracterizada por flujo nasal, prurito generalizado, incapacidad para respirar, lagrimeo o comezón en la nariz, para lo cual se cuenta con medicamentos como:

• Antihistamínicos que bloquean la liberación de histiamina y reduce los síntomas. Actualmente hay fármacos de este tipo de última generación que no producen sueño.

• Corticoesteroides con propiedades antiinflamatorias e inmunosupresoras (inhiben componentes del sistema inmunológico responsable de las alergias).

• La epinefrina, fármaco inyectado de emergencia que contrarresta las reacciones anafilácticas por su rápida acción para relajar los músculos de las vías respiratorias.

• La inmunoterapia que son inyecciones con alérgenos que ayudan al sistema inmunológico a que desarrolle gradualmente tolerancia y reduzcan las reacciones alérgicas.

El control en las medidas higiénicas, como la reducción o eliminación de las sustancias alergénicas (polvo, caspa de animales, moho), es fundamental.

Aunque las enfermedades alérgicas tienen un compo-nente genético, es importante que se tomen medidas para no desarrollarlas, por ejemplo, fomentar la lactancia materna durante los primeros seis meses de edad y si no es posible, sustituirla por leche hidrolizada; iniciar la alimentación sólida después de esta edad, retrasar el consumo de pescado y huevo en los bebés, evitar cambios bruscos de temperatura y el contacto con el humo del tabaco.

Referencias bibliográficas

  1. Revista de Alergias e Inmunología Clínica, Volumen 141, No. 3, Marzo 2018, Editorial Sevier, disponible en: www.jacionline.org
  2. Libro blanco sobre Alergia de la World Allergy Organization (WAO) Ruby Pawankar, Giorgio Walter Canonica, Stephen T. Holgate Richard F. Lockey http://www.worldallergy.org/UserFiles/file/WWBOA_Executive-Summary_Spanish.pdf 11 American Academy of Allergy, Asthma & Immunology.
  3. El cambio climático y las alergias de exterior. Elaborado en febrero de 2011. Disponible en https://www.aaaai.org/Aaaai/media/MediaLibrary/PDF%20Documents/Libraries/EL-climate-change-patient-spanish.pdf.
  4. 4. World Allergy Organization (WAO), White Book on Allergy: Update 2013; pág. 28-29. Disponible en http://www.worldallergy.org/UserFiles/file/WAO-White-Book-on-Allergy_web.pdf

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